Tika Mordekay
Aquí os presento a mi nuevo personaje. Esta vez es del juego "Anima Beyond Fantasy" que hemos probado por primera vez este fin de semana. Os dejo un trozo autorizado de esta historia, si es que encuentro alguno...xD
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Era un día de lluvia en una de las ciudades más populosas de Bellafonte. En ella, en una familia bastante tradicional, nacía su segundo hijo. En este caso fue una bella niña cuyos ojos azules y su pelo pelirrojo refulgían nada más nacer. “Será una hermosa niña”, pensó su madre nada más verla, “Dios nos ha bendecido con una pequeña ahora que ya teníamos el primogénito”.
Los embarazos de la mujer nunca habían sido fáciles. Había tenido dos abortos y otro parto del que había acabado naciendo un niño muerto. Solo los más fuertes habían conseguido llegar a buen puerto. El primero fue un niño llamado Zak, en el que sus padres habían puesto toda su esperanza. Dios había oído sus plegarias y por fin tenían un primogénito que podría heredar y convertirse en un gran soldado. Y ahora había nacido aquella niña que estaba llamada a ser la alegría de aquella casa.
Desde pequeña, la joven Tika destacaba por su agilidad y destreza. Con sólo unos meses andaba ya con una fortaleza impropia de alguien de tan corta edad. Pronto correteaba por los pasillos y hacía las delicias de aquellos que se acercaban a saludar a sus padres. Su pelo y sus ojos despertaban curiosidad y la envolvían en un halo de misterio.
Poco a poco la niña fue creciendo, siempre por encima de la media. Era una muchacha mucho más alta que la mayoría de los chicos que había a su alrededor. Si Tika hecha la vista atrás puede recordar entre borrones de su memoria aquellos días de su infancia en el jardín trasero, mientras jugaba entre los árboles. Allí estaba su hermano, que aunque ya estudiaba en al academia militar, acudía a casa en cuanto podía a jugar con ella. Y aquel vecino... ¿cómo se llamaba? Ah, sí.... Caramon... cuantos años ya sin saber de él...
Un día, poco después de cumplir los cinco años, su padre le comunicó que pasaría unas pruebas para entrar en la academia militar de la ciudad. Dependiendo de las aptitudes que demostrase podría entrar en una sección u otra del ejército. Con su gran agilidad su padre no esperaba que dejara en un mal lugar a la familia. Y así fue.
A la mañana siguiente Tika apareció en el patio de la academia acompañado por su padre, que también ocupaba un cargo en el ejército. Aún recuerda aquellas mallas verdes que le puso su madre, sus ropas ajustadas, su pelo brillante recogido en una coleta muy apretada y alta.
La pusieron delante de los comandantes de cada una de las divisiones del ejército par que hiciera aquello que se le diera mejor. Le hicieron correr, saltar... Pero la joven Tika sorprendió a todos con su agilidad. Habían visto a pocos niños de tan corta edad con tanta aptitud. Sabía hacer piruetas bastante elaboradas. Su padre estaba encantado, igual ella era la que estaba llamada a ser la gran guerrera de la familia, ya que su hermano no destacaba demasiado...
La cara de Tika se cubría de perlas de sudor que descendían por su pequeña carita, llena de pecas. El cansancio le nublaba la vista, lo había hecho lo mejor que podía. Una mujer, una de las comandantes que estaban observando la prueba se acercó a ella. Su paso era firme pero flexible, su mirada penetrante:-Así que tu eres Tika Mordekay, la pequeña Tika... Has demostrado ser todo lo que tu padre nos explicaba de ti -la cara de su padre se llenó de satisfacción-. Estas admitida en la academia de guerreros acróbatas. A partir de ahora entrenarás duro junto a nosotros. Espero que no decepciones las aspiraciones que hay puestas en ti.
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Era un día de lluvia en una de las ciudades más populosas de Bellafonte. En ella, en una familia bastante tradicional, nacía su segundo hijo. En este caso fue una bella niña cuyos ojos azules y su pelo pelirrojo refulgían nada más nacer. “Será una hermosa niña”, pensó su madre nada más verla, “Dios nos ha bendecido con una pequeña ahora que ya teníamos el primogénito”.
Los embarazos de la mujer nunca habían sido fáciles. Había tenido dos abortos y otro parto del que había acabado naciendo un niño muerto. Solo los más fuertes habían conseguido llegar a buen puerto. El primero fue un niño llamado Zak, en el que sus padres habían puesto toda su esperanza. Dios había oído sus plegarias y por fin tenían un primogénito que podría heredar y convertirse en un gran soldado. Y ahora había nacido aquella niña que estaba llamada a ser la alegría de aquella casa.
Desde pequeña, la joven Tika destacaba por su agilidad y destreza. Con sólo unos meses andaba ya con una fortaleza impropia de alguien de tan corta edad. Pronto correteaba por los pasillos y hacía las delicias de aquellos que se acercaban a saludar a sus padres. Su pelo y sus ojos despertaban curiosidad y la envolvían en un halo de misterio.
Poco a poco la niña fue creciendo, siempre por encima de la media. Era una muchacha mucho más alta que la mayoría de los chicos que había a su alrededor. Si Tika hecha la vista atrás puede recordar entre borrones de su memoria aquellos días de su infancia en el jardín trasero, mientras jugaba entre los árboles. Allí estaba su hermano, que aunque ya estudiaba en al academia militar, acudía a casa en cuanto podía a jugar con ella. Y aquel vecino... ¿cómo se llamaba? Ah, sí.... Caramon... cuantos años ya sin saber de él...
Un día, poco después de cumplir los cinco años, su padre le comunicó que pasaría unas pruebas para entrar en la academia militar de la ciudad. Dependiendo de las aptitudes que demostrase podría entrar en una sección u otra del ejército. Con su gran agilidad su padre no esperaba que dejara en un mal lugar a la familia. Y así fue.
A la mañana siguiente Tika apareció en el patio de la academia acompañado por su padre, que también ocupaba un cargo en el ejército. Aún recuerda aquellas mallas verdes que le puso su madre, sus ropas ajustadas, su pelo brillante recogido en una coleta muy apretada y alta.
La pusieron delante de los comandantes de cada una de las divisiones del ejército par que hiciera aquello que se le diera mejor. Le hicieron correr, saltar... Pero la joven Tika sorprendió a todos con su agilidad. Habían visto a pocos niños de tan corta edad con tanta aptitud. Sabía hacer piruetas bastante elaboradas. Su padre estaba encantado, igual ella era la que estaba llamada a ser la gran guerrera de la familia, ya que su hermano no destacaba demasiado...
La cara de Tika se cubría de perlas de sudor que descendían por su pequeña carita, llena de pecas. El cansancio le nublaba la vista, lo había hecho lo mejor que podía. Una mujer, una de las comandantes que estaban observando la prueba se acercó a ella. Su paso era firme pero flexible, su mirada penetrante:-Así que tu eres Tika Mordekay, la pequeña Tika... Has demostrado ser todo lo que tu padre nos explicaba de ti -la cara de su padre se llenó de satisfacción-. Estas admitida en la academia de guerreros acróbatas. A partir de ahora entrenarás duro junto a nosotros. Espero que no decepciones las aspiraciones que hay puestas en ti.



