El rincón de Nishiko

dissabte, de novembre 11, 2006

Varda

Igual que mi primer post estaba dedicado a un personaje que aprecio mucho, Isawa Nishiko, ahora dedico un post a otro personaje que me ha marcado mucho en estos últimos meses. Aún ahora, cuando me planteo si voy a seguir jugando a rol, si todo el sacrificio merece la pena, Varda se merece un post, un homenaje.


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Varda estaba sentada cerca del fuego de aquella posada, cerca de Edoras. La capucha de su capa le cubría los ojos mientras lloraba desconsolada. "No me puede estar pasando esto. Toda mi vida luchando por ser justa, por alcanzar una sabiduría que siempre escapa entre mis dedos cuan agua serpenteante. Y ahora he tenido que huir... como si fuese una delincuente... No es posible"El posadero se acercó hacia ella.-Mi señora, ¿en qué puedo servirla?
Varda se levantó con lentitud la capucha, mientras disimuladamente secaba sus lágrimas. Su semblante pétreo denotaba la tristeza que la invadía.
-posadero, tráeme agua y una frutas.
El posadero, al ver su rostro de elfo, su delicada belleza, se quedó paralizado. ¿No era aquella la mujer elfa que decían que llevaba años en palacio? ¿Aquella protegida del padre de Theoden? ¿Qué hacía ella allí, en su humilde posada?
-M...mi...mi señora... haré... lo que usted guste-dijo tartamudeando.
-Y prepáreme una habitación. Pasaré aquí la noche.
El posadero se alejó con presteza a cumplir las órdenes de la doncella, mientras seguía preguntándose qué hacía ella allí...
Varda comió frugalmente aquella noche. No podía haberle ocurrido aquello a ella... a ella no...
-Mi señora-dijo un anciano que se acercaba lentamente a ella-, cuentan que su sabiduría es muy vasta. Podría contarnos alguna historia que nos ilustrara a nosotros, humildes pueblerinos...
-Anciano caballero, mi nombre es Varda. Seguro que tengo tanto que aprender de usted como usted de mí- aunque sus palabras denotaban orgullo por ser tratada de sabia, también su rostro denotaba sus ganas de aprender-. No soy más que una humilde elfa, pero si quieren puedo contarles una historia...


-Érase una vez una elfa muy joven, que vivía alegremente en una de nuestras ciudades, teniendo una vida feliz al lado de sus padres. Ella estudiaba en una escuela de magia, y siempre había destacado en las artes arcanas. Pero aquel día cambió su vida para siempre.
Su padre se dirigió a ella:
- Cielo, ¿vienes a dar un paseo por el bosque con papá? Hace un día espléndido. Podíamos recoger setas. Ha estado lloviendo últimamente y estarán en su punto. Mamá podrá prepararlas luego como más te gustan...
Las hojas de los olmos caían suavemente cubriendo el suelo del bosque con una capa de amarillos, marrones y rojizos que daban al lugar un ambiente bohemio. Aún años después recordaba cada instante, cada segundo del paseo. Las risas, las bromas. Hacía tiempo que no salía con él. Desde que había entrado en la escuela de magia casi no tenía tiempo para ver a la familia. ¿Cuánto hacía que no pasaba un invierno con ellos? ¿Más de 20 años?
El vestido verde y dorado que llevaba se arrastraba por el suelo cada vez que se agachaba para cumplir una orden de su padre. Éste tenía un sexto sentido para las setas. Sabía exactamente donde crecía cada seta. Donde estaban las mejores. No se volvería a poner un vestido que llevara aquellos colores. Nunca.
Estaban ensimismados ante una seta muy extraña. Su padre le había dicho que era una de las más apetitosas, pero que solo surgían cada 20 o 30 años. Como un premio insólito para aquellos que fueran capaces de buscarla. Y de encontrarla.
Entonces oyeron unos ruidos al girarse. Alguien se acercaba. Sus pasos eran fuertes. ¿Era uno? ¿Eran muchos? ¿Quién era capaz de hacer semejantes ruidos?
-¡Trooooooooooooooooooooooooolssssssssssss!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Al grito de su padre se puso en guardia. Mi vara... digo... su vara estaba en su mano izquierda. Nunca la abandonaba ni para salir de paseo. En la otra surgió rauda su daga. La posición que siempre tomaba. La que tan buenos resultados le había dado.
Su padre, también con su vara y la daga en la mano se puso en guardia a su lado. Espalda contra espalda. Por el sonido sabían que estaban rodeados. O luchaban o morían. Pero no había alternativa. Por lo menos venderían cara su piel.
Cuando los trolls aún estaban a una distancia considerable dispararon ambos. Con una puntería perfecta. Dando cada uno a uno de los trolls que se acercaban. En total eran cuatro.
Tras un segundo disparo cayeron los dos primeros, antes que tuvieran tiempo para llegar al cuerpo a cuerpo. No se lo permitirían. Otros dos disparos certeros acabaron con los otros dos trolls. Increíble pero cierto. Eran dos buenos magos.
-¡Huyamos!-dijo su padre-. Tenemos poco tiempo para alejarnos. Revivirán y no debemos estar cerca cuando eso ocurra.
Corrieron por la espesura del bosque buscando la salida que les llevaría a Rivendel, una bella ciudad elfa. Había que dar el aviso. Con más gente igual podían hacer algo. De repente la joven sintió un gran poder. Lo rodeaba todo. De repente una sombra cayó sobre su padre y se fue. Dejándolo todo en silencio. Estaba muerto. Y yo... ella... no pudo hacer nada. ¡NADA!

El grito resonó en toda la posada

Todos los rayos que tiró a la espesura siguieron su curso sin dañar a lo que fuera eso que había atacado a su padre. Cogiendo a su padre como pudo fue hasta la ciudad.
-¡Ayuda! ¡Ayuda!
Y la oscuridad la cubrió por completo.
Desde entonces cuentan que la bella elfa viaja por toda la Tierra Media, buscando las respuestas que le permitan saber qué fue lo que ocurrió con su padre. Dicen que ahora es una maga poderosa... pero que jamás podrá descansar hasta que consiga averiguar qué paso ese día... El Día...

Y ella partió hacia la habitación que le habían dispuesto para aquella noche, esperando que un sueño reparador le repusiera de las emociones de aquel día. Aún no se acababa de creer que Theoden le hubiera hecho eso... a ella...Tantos años en Rohan que habían pasado algunas generaciones que no conocían la ciudad sin ella. Y sin embargo, ya nunca podría volver a sus bibliotecas, a pasear entre los muros de sus palacios...Era hora de volver a casa, quizá de acabar la búsqueda tantos años atrás empezada.... Era hora de volver a ver a la familia. De descansar. ¿pero estaba dispuesta a ello?¿A sacrificar todo por lo que había luchado? No estaba segura...
A la mañana siguiente, ensillando su blanco corcel, partió hacia la lejanía, perdiéndose en el horizonte. Las leyendas de Rohan cuentan sobre una hermosa y sabia elfa que un día les contó una historia en la posada.... desde aquel día... la Posada de las Lágrimas...

1 Comments:

  • At 9:19 a. m., Anonymous Anònim said…

    Holases Mirella!!!

    La historia esta genial :)escribes de PM...º
    En cuanto a lo otro ya sabes mi padecer, y hagas lo que hagas yo te apoyo :D

    Salud.

     

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